jueves, enero 26, 2006

Támesis, Thames, Londres, London

No sé si ustedes, mis cero lectores, se habrán preguntado cómo es que ciertas palabras llegan al caudal de nuestra lengua. O nombres. Hubo una época, no tan lejana, que a los españoles se les ocurrió que debido a su incapacidad para pronunciar nada que no sea su propia lengua, sería bueno traducir los nombres propios. ¿Se imaginan a un españolete tratando de decir Friedrich sin que se diera un mordisco en la lengua o el cachete? Mejor decir Federico. Y así surgieron los Federico Nietzsche y Federico Chopin. Increíblemente no se les ocurrió traducir los apellidos, de lo contrario habrían dicho Carlos Gustavo Joven o Ernesto más Joven, en lugar de Carl Gustav Jung o Ernst Jünger. Hubo una época en que esto era común, y no era extraño oír hablar de Juan Sebastián Bach, como si hubiera nacido en Madrid (¡a nadie se le ocurrió que podría haberse llamado Juan Sebastián Arroyo!). Con el tiempo estos dislates fueron desapareciendo, aun cuando muchos hoy sigan hablando de Carlos Marx, de Federico Engels y otros personajes que están lejos de llamarse así. ¿Porqué razón sólo traducían los nombres y no los apellidos, si en muchos casos tales traducciones son o parecen tan arbitrarias? Jamás lo sabremos.

Algo similar ocurre con los nombre de ciudades o ríos. Por ejemplo, London es el nombre de la capital del Reino Unido, y así se le llama tanto en inglés como en alemán; pero en las lenguas de origen latino no. En francés, portugués y español se le llama Londres y en italiano Londra. ¿Cómo es que aparece una ere en una palabra que originalmente no la posee? Ésta es la etimología del topónimo (no palabra) Londres: procede del latín Londinum, a su vez basado en un étimo celta, al parecer Llyndin, cuyo significado exacto se ignora. En español, la palabra se ha introdujo a través del francés. La evolución fonética es la siguiente: Londinu(m)>*Londino>*Londno>*Londn>*Londr. La terminación -es se introduce por similitud con otros nombres propios. El paso de DN a DR se debe a la necesidad de facilitar la pronunciación, como en el caso de sanguine, que se convierte en castellano en “sangre”.

Por la misma línea, ¿cómo es que el río inglés Thames se convirtió en Támesis? Sobre todo si pensamos que en inglés se pronuncia más o menos dzeims. Esta es la historia lingüística del topónimo Thames: al parecer desde el inicio fue siempre pronunciado con una sola t; la pronunciación del middle english hablado, es decir el inglés medio (un término usado por los lingüistas para referirse al lenguaje inglés hablado entre la invasión normanda de 1066 y la segunda mitad del siglo XV) fue característicamente Temese y en latín Tamesis. La th aporta un cierto aire griego al nombre y fue agregado durante el Renacimiento, posiblemente para soportar o reflejar la creencia de que el nombre derivaba del río Thyamis, en la región del Ήπειρος Epeiros, Épiro, en Grecia, lugar al que se piensa emigraron las primeras tribus celtas. Sin embargo, la mayoría de los estudiosos hoy creen que Temese y Tamesis provienen de la palabra celta (britónica) Tamesa, cuyo probable significado sea “el oscuro”.

Tal es el origen y desarrollo de estos dos topónimos tan conocidos. ¿Se imaginan otros?

11 comentarios:

Anónimo dijo...

muchas gracias. estaba buscando la pronunciación de Thames y me he encontrado con tu blog. estupendo análisis.

Anónimo dijo...

Excelente jejeje muchas gracias, me diste la respuesta a una inquietante pregunta de mi hermano...¿porqué si gramaticalmente los sustantivos propios no se traducen, hay capitales como Londres/London, que si?

Te pasaste, esto ya daba varias vueltas por mi cabeza...interesante.

Daniela Fe

Anónimo dijo...

Interesante articulo, gracias. :-)
Como una nota adicional:
London viene de la antigua palabra celta "Llyndum" que significa: "Lugar amurallado en lo alto" :-)

el_roca dijo...

Hola, me agrado la nota, andaba buscando el origen de la palabra Londres, respecto a la conclusión me hace pensar, por ejemplo New Zealand, le dcimos Nueva Zelaenda, se nos olvido llamar nueva tierra del Mar, entre muchas otras.

Hermes dijo...

Gracias por tu artículo, me ha ayudado a comprender mi duda sobre el origen de la palabra "Lonndres", ya ves que 6 años después tu trabajo sigue siendo útil. Gracias de nuevo.

Hermes dijo...

Gracias por tu ayuda, 6 años después este post sigue siendo útil.

María dijo...

Gracias. Justo me lo han preguntado hoy en clase y no tenía ni idea.

Anónimo dijo...

Sí, pero si te fijas, con el mismo patrón de denominación q London hay muchas ciudades británicas: Everton, Southampton, Wolverhamton...etc. cuya terminación es -on. En cambio, esas ciudades se siguen pronunciando igual en español que en su inglés original. No tiene sentido q para London se use otra palabra y para las demás no.

Búcaro dijo...

Hola:
Personalmente siempre me ha gustado esa altivez del idioma para hipanizar o al menos transliterar las palabras extranjeras; tradición que escasea ahora que muchos quisieran ajustar el español al inglés para que suene más interesante, moderno, prestigioso, estilo película gringa o qué se yo. ¿Esnobismo? Algunos hasta pretenden que usemos las versiones inglesas de en vez de nombres en español como llamar ‘Aladdin’ a Aladino, ‘Atlantis’ a la Atlántida, ‘America’ a los Estados Unidos, o ‘Americas’ a América.
Habrá que criticarles a los ingleses que llamen ‘Spain’ a España, ‘Seville’ a Sevilla, ‘Rome’ a Roma, ‘Florence’ a Firenze. Y critiquemos a los idiomas que no dicen ‘Deustchland’ sino Alemania, ‘Germany, ‘Allemagne’, ‘Tyskland’, ‘Kelemania’, etc. O a los que no llaman ‘København’ a Copenhague.

¿A Nueva Zelandia entonces deberíamos llamarla Neu Sjælland?

Anónimo dijo...

Y dónde dejan a Terranova Canadá �� que en inglés es New Foundland

Anónimo dijo...

Gracias por este excelente aporte. Hay que respetar el idioma y los nombres origen. Y por supuesto que habría que pedirles a aquellos angloparlantes que también "traducen" ciudades y nombres propios al Inglés, para que hagan el esfuerzo de pronunciarlo correctamente. Cómo anécdota, cuando estudiaba el idioma Inglés, tuve una profesora que en afán de "ambientar" todo, cambiaba los nombres propios de los alumnos: al que era Juan, lo nombraba John, al que era Jesús, Yisus, etc. Hasta que cansados de no saber a quien llamaba, dejamos de atender a su llamado hasta se dignara a respetar los nombres como eran. Y pasa también entre los mismos hispanohablantes, recuerdo que he visto que muchos amigos españoles escriben Méjico, cuando es México, que se pronuncie como "j" en algunos casos la "x" (no en todos) es diferente.

PD. 2015 y tu trabajo sigue siendo muy útil.

Gracias.