jueves, enero 05, 2006

Al ojete llámalo por su nombre

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1 comentario:

Daniel Espartaco dijo...

Bien, estoy de acuerdo contigo en algunas cosas. Mi postura respecto a la literatura es esta:
Mi madre me decia el otro día cuando estaba de visita en Chihuahua que debia de apurarme para publicar un libro. -Ya no eres un joven prodigio, me dice. Y yo le responodi que nunca fui un joven prodigio. Hay una especie de obsesión por los jóvenes prodigio, como Mozart, como esos poetas franceses del XIX. Le dije que esperaba ser un buen escritor menor, que no creia en el genio sino en la posibilidad de escribir un buen libro, de decir algunas cosas, de ser coherente, honesto. El asunto de las divisiones es complicado: segunda, primera. En el futbol inventaron el eufemismo politicamente de "primera a" y esas cosas. No me interesa ese sistema de jerarquías, creo que la gente estaría escribiendo mejor sino estuviera pensando en jerarquías todo el tiempo. Este es un país lleno de jerarquía, y donde nos tomamos muy en serio la parafernalia literaria, escepto la literatura misma. Y existen varios vícios al respecto. El culto al genio es uno de ellos, ya ni siquiera hay culto al talento. Mi vocación genética marxista me dice que el problema de la literatura es un problema "cultural", entendida la cultura como algo más amplio que el canal 22. Y el trabajo empieza desde las editoriales, los suplementos, la educación del los lectores. No podemos encerrarnos en una torre de marfil y despreciar los medios, pues es desde ahi donde empieza todo. Gramsci hace la crítica de fondo de la literatura italiana, y despues de leer el segundo tomo de los cuaderno de la cárcel, me queda claro que la crítica a la literatura mexicana, pensada como "literatura nacional", debe ser de fondo. El medio es importante, una literatura nacional no la hacen los "genios" aislados como rulfo o paz, sino los lectores, los editores, los escritores. Los genios no existen, el poeta visionario es un fantasma del romanticismo. Mozart no hubiera florecido en un mundo donde sólo existia Mozart: Mozart aprendió de una tradición, de un medio que lo trato injustamente. Cuando digo que quiero ser un buen escritor menor, no debe confundirse la mediocridad con lo menor; la mediocridad también se da entre los "genios". La pretencion de lo menor no debe asustarnos tanto, y nos asusta debido a expectativas generadas de una cultura romántioa y maltrecha que mira al horizonte constantemente buscando al mesias, el poeta visionario que vendrá a sacra a los mercaderes de los templos; y estamos ansiosos por crucificar a este poeta, y decir: pero el mundo no le conoció, y después de eso, editar sus obras completas, para el deleite de jóvenes estudiantes de letras hispánicas. No, hay que trabajar, eso es lo que creo; y sobre todo hay que ser honestos y sinceros; muy sinceros. La sinceridad, eso es lo que falta en este país.