lunes, junio 05, 2006

Música mexicana de estreno

Mis estimados cero lectores, luego de ignorar algunos mensajes incomprensibles por estar no sólo fuera de lugar, sino además pésimamente escritos y con faltas de ortografía que avergonzarían a un párvulo, deseo compartir con ustedes las noticias de un fin de semana musical sumamente interesante.

En efecto, el pasado fin de semana, 3 y 4 de junio, la Orquesta Filarmónica de la UNAM dedicó su sexto programa de la temporada 2005-2006 a música mexicana, de la cual, dos obras se estrenaron en nuestro país. Antes del estreno, el sábado mismo, uno de los compositores agraciados con el estreno de una de sus obras, Javier Torres, de quien me precio ser su amigo desde hace casi una década, cuando era estudiante en el Conservatorio Nacional, presentó un disco con obras suyas, bajo el título de Exabrupto, que contiene seis obras para diversas dotaciones instrumentales. Se trata de un disco con obras de música clásica (o más bien, de música culta) contemporánea sin la menor concesión en términos musicales, interpretativos y auditivos, alejado por completo de cualquier sabor local, o ísmo, cualquiera que sea el que se desse nombrar. El disco pronto estará disponible en México, a través de Gandhi, y creo que en Internet, en Amazon o en Tower Records, es sumamente sencillo hallarlo y ordenarlo. Si a ustedes les gusta la música clásica moderna, esa que reta el oído, que no tiene complacencias ni facilismos, este disco seguramente les ofrecerá un platillo especialmente suculento. Si por el contrario, la música clásica mexicana se reduce al Huapango de Moncayo y cosas así, lamento informarles que hace un siglo que ya no se escribe música de ese tipo. Peor aún, si viven del otro lado del charco, es decir del Atlántico, y creen que lo que escuchan es lo único que hay que escuchar, o que el último compositor que valía la pena fue Joaquín Rodrigo, pues entonces están realmente atrasados como un siglo más o menos en música moderna.

Volviendo al tema estrictamente musical, el disco se presentó en el marco de "México puetra de las Américas", y estuvo a cargo del compositor, y de Juan Arturo Brennan, conocido y reconocido crítico musical, que hizo una muy amplia y generosa presentación del disco y de las obras de que se compone el disco. Esto fue al mediodía. En la tarde acompañamos, un grupo de amigos cercanos y un servidor, a Javier a la Sala Netzahualcóyotl para escuchar el estreno de su obra Obscuro Etiantum Lumine, para violín y tres grupos orquestales. Se trata de una obra que en el disco suena increíoble, pero interpretada en vivo es aún más impresionante, más dramática y profunda de lo que uno podría imaginar. No es una obra predecible, ni complaciente, más bien se trata de un despliegue de sonoridades, timbres y juegos sonoros de enorme profundidad, llena de matices y con un final verdaderamente asombroso (que Brennan acertadamente denominó como la cereza que corona un pastel). Sin duda, una obra dificilísima para el oído acostumbrado a las melofías tonales y tradicionales. Para nuestra sorpresa, la sala estuvo casi llena los dos días, y tal vez se debió al hecho de tratarse de obras mexicanas y poco conocidas. La orquesta interpretó la obra de Torres Maldonado con bastante tino y brillantez, en parte porque el solista, Carlo Chiarappa, y el propio compositor, participaron en la guía de la orquesta, a fin de que no sonara como suele sonar, y como de hecho sonó en el resto del programa. Carlo Chiarappa, por su parte, tocó con una pulcritud inusual en nuestros escenarios, meticuloso y emotivo cuando la partitura, la obra así lo requería.

La siguiente obra en el programa fue el Concertino para violonchelo y orquesta de Julián Carrillo, una obra impresionante, poderosamente lírica, pero muy complicada por estar escrita en cuartos de tono (al menos la parte del chelo) y no estar subdividida a la manera tradicional, en tres movimientos. Para los no enterados, Julián Carrillo es el inventor del llamado Sonido 13, o escritura micro tonal, una verdadera revolución musical que implica una auténtica reeducación del oído para entender y apreciar este tipo de obras. La interpretación del Concertino, a diferencia de la obra de Torres Maldonado, resultó plana a más no poder, sin matices ni brillos, tocada como una rutina conocida que no amerita mayor profunddad. Lamenentablemente habría que informarle a los músicos de la OFUNAM, la obra sí lo ameritaba, y todavía no entiendo como una obra que ellos estrenaron en México el pasado fin de semana (de hecho las dos primeras) no les despertó el menor entusiasmo por tocar bien, ni por manifestar algún tipo de emoción musical. Qué triste. La solista, Gimena Giménez Cacho, fue lo más rescatable de la interpretación y es lamentable que la orquesta no tuviera el menor interés por seguirla.

La segunda parte del concierto los constituyeron dos obras igualmente concertantes. El Concierto para flauta y orquesta, de Horacio Uribe. Confieso que en ninguno de los dos conciertos tuve la oportunidad de escucharla. El sábado porque después del intermedio, fui por un café y no iba a interrumpir un buen café por una obra que, después me dijo uno de los amigos con los que fui, y el propio Javier Torres, sonaba a un Béla Bartók temprano pero sin brío ni brillo. Así que no me perdí de nada. Sorry. La obra que cerró el recital fue el Concierto para piano y orquesta, de Alexis Aranda, una obra eminentemente virtuosística, escrita para el lucimiento del solista, en este caso una como siempre brillante Eva María Zuk. Lamentablemente, la obra parecía un collage de Mussorgsky, Bartók, algunos ecos de Stravinsky, Debussy y Ginastera (imagínense nomás la mescolanza), pero sin personalidad. Quizá el mejor movimiento fue el primero, pero a partir del segundo y en especial el tercer movimientos, la obra termina por abortar. Más bien parecía música de cine hollywoodense, perfectamente efectista, melosa, predecible (yo tararée un par de veces un pasaje musical antes de que terminara, así de predecible) y superficial. La orquesta para entonces estaba en su gloria, es decir, tocando como caballos desbocados, y la dirección de José Guadalupe Flores, por supuesto, brilló por su ausencia.

Como verán, lo mejor del concierto fue la obra de Javier Torres Maldonado, quien vive en Milán, Italia, desde hace casi siete años, y que ha sido el único compositor latinoamericano que ha ganado el Premio Reina Sofía de composición, el premio más importante (equivalente al Nobel o al Príncipe de Asturias) para músicos en el mundo. Y no porque sea mi amigo digo que su música sea buena, sino porque realmente es una propuesta digna de tomarse en consideración. Con Javier tengo una magnífica relación de amistad, e incluso de colaboración. Hace tiempo que musicalizó un poema mío (y aquí musicalizar no debe entenderse en el sentido de, digamos, lo que hizo Joan Manuel Serrat con Antonio Machado, sino en el sentido poundiano [o sea de Ezra Pound] de la palabra, o si quieren un ejemplo práctico, en el sentido poético-musical de lo que Debussy hizo con Baudelaire [a Boudelaire no lo conozco, a lo mejor es un poeta depresivo que vive en Madrí]), hemos compartido múltiples descubrimientos: desde la poesía de Luis Cernuda, cuya obra le presenté y obsequié, hasta las canciones de Schubert y Brahms, los quintetos de cuardas de este último, y muchas cosas más que nos hermanan y entusiasman, y otras que tal vez no tanto.

En fin, mis cero lectores, ojalá se aproximen a esta música poderosa y sugerente de Javier Torres Maldonado. Les dejo, finalmente, los datos del disco que se presentó en México, por si alguno de ustedes desea conseguirlo por Internet. Según sé, el disco ya está a la venta en las principales ciudades de Estados Unidos: Chicago, Nueva York, Los Angeles, etcétera, y en Canadá. A través de Tower Records pueden hallarlo: Javier Torres Maldonado, Exabruto, con el Nouvel Ensemble Moderne, el Dynamis Ensemble, y el Quartetto Terpsycordes, en el sello discográfico Stradivarius, código o clave: STR 33719.

5 comentarios:

Eratóstenes Horamarcada dijo...

Este mensaje quizá quede también fuera de lugar, pero desde hace tiempo quería decirte que después de leer las dos entradas con el título común de "Creación y responsabilidad"... creo que deberían proseguir hacia otra cosa. Juntas, parecen la parte inicial de un ensayo inconcluso. El final me parece abrupto, o injusto.

Anónimo dijo...

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Excelente informacion muy interesante mi padre ama la musica mexicana pero a mi la verdad no me gusta mucho no es la clase de musica que me gusta escuchar

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Hola a todos a mi me encanta la musica pero la musica Mexicana es de lo mejor es demasiada buena y tengo varios discos de cantantes mexicanos ya que son de lo mejor que e escuchado

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Muy buen post este disco llamado Exabrupto es muy bueno es genial me encanto muchas felicidades por esta nueva creacion