
Hoy murió este pinche corrupto. En lugar de llorar su muerte deberíamos clamar al cielo para que otros como él desaparezcan de la faz de la tierra. Con su muerte México pierde a uno de los hipócritas y cínicos más grandes de los últimos años. Sólo resta ir a su tumba y escupir sobre ella, en señal de desprecio. Uno menos.